Como pista de una buena noche, el Teatro María Grever luciendo prácticamente toda su capacidad. Las luces y el bullicio persistían, hasta que Karla Blanco entró invocando serpientes desde el pasillo, e Israel Araujo encaró a los asistentes. La noche del jueves 18 hubo función de ‘Terror Cuentos Escénicos’.

Corría la segunda función de Factótum Escena dentro del programa Todos al Teatro 2014 en el Teatro María Grever, con un montaje dedicado a narrar dos cuentos que son referencia obligada para los amantes de la literatura de terror. Su versión escénica, motivada por Ángel Ortiz y su equipo de trabajo; resuelven un montaje contundente, tratando el tema de la muerte con un humor ácido y un atractivo manejo del suspenso.

Desde el arranque, los dos personajes encaran al público. Sin regalar la trama, pero con una clara intensión, aparece lo grotesco y estridente a través de sonidos y la oscuridad que se mantiene latente. La pareja escénica hace gala de sus recursos histriónicos para motivar la escena, generar el suspenso y entre la macabra historia, provocan de una sonrisa nerviosa, aparece ese terror ácido adictivo.

Los cuentos elegidos, ‘Una muerte en familia’ de Miriam Allen de Ford y de ‘La gallina degollada’ de Horacio Quiroga, corren fervientemente entre la creación de los personajes por la dupla escénica, la constante y atinada improvisación, el uso de los materiales y los ‘actantes’ que acompañan en escena, la música en todo momento atinada, el ruido que en ocasiones te obliga a taparte los oídos, entre otros elementos.

Mención especial merece el uso de la transmisión en vivo de imágenes. Con el uso de una cámara y la proyección de lo que capta, ofrece al público la oportunidad de ver de cerca el trabajo de los personajes; ver otros puntos de vista de las escenas, incrementa los detalles del rostro desfigurado por la intensión del personaje o la escena, y hace que este montaje sea mucho más atractivo, incrementa la reacción del público ante determinados momentos.

El manejo de las historias resulta interesante. La dupla escénica entra y sale de la narración para acercarse al público, sin perder su objetivo de envolver y generar suspenso, los personajes intercalan al narrador o resultan narrados por el otro, mientras que los ‘otros personajes’ parte de la utilería se convierten en lo que sus manipuladores deseen. Una historia bien contada, con recursos que pueden parecer mínimos pero son suficientes para dejar en claro las resoluciones de los cuentos en una sensación de terror ácido.