Conoce a Pablo Martínez, un malabarista que ha encontrado la libertad en el cruce de un semáforo. El oficio de Pablo no tiene hora de entrada ni de salida. Tampoco existe un calendario de días de asueto. Su jornada laboral no es ni horario corrido, ni de oficina, más bien se divide en colores: verde, rojo y amarillo.

 

“Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un sólo día de tu vida”

¡Cuánta razón tuvo Confucio!

Y es que cuando tu oficio te apasiona, en el rostro no se refleja el mal genio de quien es lacayo del reloj: hora de entrada, receso y salida. Siempre lo mismo.

Yo creo que por eso a Pablo Martínez le han gritado que se ponga a trabajar mientras desempeña la labor que no sólo le da de comer, sino que alimenta su hambre de libertad.

El oficio de Pablo no tiene hora de entrada ni de salida. Tampoco existe un calendario de días de asueto.

Su jornada laboral no es ni horario corrido, ni de oficina, más bien se divide en colores.

Verde

Pablo practica, lanza sus clavas a una distancia corta; lo suficiente para no perder el ritmo. En el cruce de los bulevares Hilario Medina y López Mateos hay tráfico. Se necesitan tres tránsitos para controlar el flujo vehicular.

Amarillo

Toma el monociclo, las clavas y un balón de futbol. Está listo para sorprender a su público.

Rojo

Cuarenta segundos son suficientes para que Pablo desconecte a peatones y automovilistas de la cotidianidad, al ver las clavas jugueteando en el aire, el balón girando en un palo de madera que se sostiene de la boca y un pie elevado en el aire para sostener su sombrero que ya descansa en sus tenis. Todo esto, a bordo del monociclo.

Cada que escucho esos colores de manera consecutiva, recuerdo a una agrupación argentina de reggae: Gondwana con Verde, amarillo y rojo. Pero Pablo no se gana la vida haciendo música, él se dedica -por si usted aún no llegaba a la conclusión- a realizar actos circenses en diferentes cruceros de la ciudad.

Verde

Con juguetes profesionales, apenas tiene cuatro años. Antes de eso, no tenía clavas, usaba palos de escoba. Así la estuvo librando durante dos años.

Los viajes de negocios de Pablo no necesariamente son en un autobús de lujo. Tampoco es indispensable un hotel “business class”, con salas de juntas, Wi-Fi y coffee break.

“Sí viajas, eso está chido también, porque puedes viajar entre varias personas y el dinero es para todos. Hubo un tiempo en que hacíamos eso, éramos como cinco personas. Si salían 500, nos tocaba de a 100”.

Pero sus viajes no sólo consisten en probar su suerte en cruceros ajenos a esta ciudad. Él y sus compañeros de ‘oficina’, han participado en congresos de circo, nacionales e internacionales.

De hecho, el día de nuestra charla se llevaba a cabo el Encuentro de Circo en TolucaPablo se quedó con ganas de asistir, pero es final de mes y tiene que pagar la renta.

Aun así, Pablo ha participado en otros grandes foros, congresos y festivales. Como Periplo, donde se promueve la movilidad y la difusión de productos artísticos a nivel nacional e internacional.

También fue parte del colectivo representante de nuestra ciudad en Circonvención Mexicana, en el año 2014. Éste evento, que se lleva a cabo de forma anual, tiene como sede la población de Oaxtepec, en Yautepec, Morelos. Busca el intercambio de experiencias y conocimientos, así como el descubrimiento de nuevos talentos.

Amarillo

Inyecta aire al balón, directamente de sus pulmones. Toma sus juguetes, listo para introducirse al arroyo vehicular en cuanto éste detenga su cauce momentáneamente.

Rojo

Personas cargadas de equipaje, gente con look ejecutivo, vendedores ambulantes y turistas. Cerca de la central camionera y la Zona Piel, nada le impide a Pablo realizar una vez más su acto.

Yo, por lo pronto, desde el camellón me doy cuenta que sin importar que los rayos del sol llegan directamente a su cara, Pablo no pierde la buena actitud. Si se le cae el sombrero, improvisa otra suerte con las clavas. Nada impide que el show continúe,Pablo es un profesional.

Su oficio implica esfuerzo físico y mental. En ese sentido, no le pide nada a los trabajos ‘convencionales’, por llamarlos de alguna manera. En la coordinación de sus movimientos resalta la disciplina que implican sus prácticas. Antes de sumergirse al arroyo vehicular, Pablo me contó que su colectivo se llama Malabar 1,2,3, entrenan miércoles y viernes en el Parque Explora.

Verde

En marzo de 2015El País publicaba un artículo titulado ‘Se buscan trabajadores alegres. Bien remunerado’. En esa publicación hablan de cómo el ser humano es capaz de contagiar emociones, así como la importancia de la alegría al desempeñar nuestras labores.

No sé si Pablo leyó ese texto, no se lo pregunté. Pero sin necesidad de ello, subrayó que la actitud es uno de los elementos claves para su trabajo. Si no la lleva, no puede laborar. Se regresa a casa, pero sin goce de ‘sueldo’.

Yo siento que la actitud tiene mucho que ver. Porque a veces llego molesto, no sé, que me pasó algo en la vida, tuve una discusión. Llegas al semáforo y como que no me siento bien, no me salen bien las cosas. La gente lo nota y a veces ni te cooperan”.

El sol cada vez es más intenso, pero Pablo se sigue ganando la vida de forma digna y al ritmo de verde, amarillo y rojo, los colores del semáforo.

Y aunque son pocos quienes lo han hecho, aún habrá alguien que demerite su oficio. Aún habrá quienes le digan que se ponga a trabajar, sin darse cuenta que él trabaja y se prepara constantemente para ello.

Verdeamarillo y rojo; entrada, receso y salida. Son dinámicas diferentes, pero igual de dignas.