Este trabajo es una primera aproximación al culto de la Santa Muerte en León, un proyecto que surge del interés por explorar y reconocer la creciente diversidad religiosa en Guanajuato, entidad donde si bien el catolicismo es la religión con mayoría de adeptos (94 %)[1], en los últimos años se ha visibilizado más la presencia de diversas agrupaciones religiosas (Mazariegos, 2015).

Un recorrido por algunos espacios de devoción a La Santa Muerte en León

Primera parada

La fecha de inicio del culto a La Santa Muerte a León no es muy clara, pero, a partir de las narraciones de devotos, inferimos que su fortalecimiento o visibilidad, así como la comercialización y circulación de mercancías y bienes simbólicos, no tienen más de veinte años en la ciudad.

El culto a la Santa sobresale por encima de cualquier otro santo “no institucionalizado”; por ello el acercamiento a La Santa Muerte fue motivo para explorar un nuevo camino por donde transita la fe de un sector de los leoneses. Ahí comenzó el peregrinaje.

Nuestros primeros pasos fueron en el mercado Aldama, donde corroboramos la demanda de imágenes de La Santa. Pedro [1], quien tiene un vasto negocio donde vende parafernalia dedicada a santos católicos y no católicos, comentó que la devoción de La Niña Santa es “para levantar”, que hay gente que la utiliza para algo malo, “para tirar”, pero él asegura que no hace esos trabajos. Platicó que hay varios altares en la ciudad y que algunas veces hace trabajos ahí.

Segunda parada

Cerca del templo de Niño Obrerito conocimos a Arcadia, quien nos contó que su acercamiento a La Santa fue motivado por tragedias familiares. Su esposo fue encarcelado por traficar combustible y sus dos pequeños murieron. Estas crisis derivaron en que Arcadia se acercara a La Santa como último recurso. Su encargo fue la liberación de su esposo y el alma de sus hijos fallecidos. La Santa le respondió: su esposo fue liberado y ella asegura haber visto a sus pequeños de la mano de la Niña Blanca. Como agradecimiento le ofrendó su cuerpo, tatuándose la visión que tuvo y dedicándole un altar desde hace siete años.

Su altar está en la sala, compuesto, al centro, por La Niña Blanca, a un costado Jesús Malverde, y al otro, San Judas Tadeo. Las luces de neón iluminan el espacio donde hay representaciones de la huesuda rodeada de atrapa sueños e imágenes de Jim Morrison. Una de las figuras que llamó nuestra atención fue la de una Santa sin manos. “Cada vez que le pido algo a mi Santa, le quitó las manos y se las vuelvo a poner cuando me cumple el favor”.

Ahí notamos cómo la relación está atravesada por una constante negociación marcada por cierta horizontalidad que coloca al devoto en una posición de poder. De tal manera que las relaciones de poder no responden a las estructuras rígidas entre opresor y oprimido, sino que hay una serie de intercambios que colocan a uno y a otra en distinta posición según sea el caso.

Tercera parada

A través de una ventana se ve el majestuoso altar que Úrsula y su esposo han dedicado a la Santa Muerte en la calle San Luís Potosí. Al entrar, unas cortinas de terciopelo color uva se abrieron y de frente, un enorme santuario. Todos estaban representados ahí, a través de la huesuda: la novia, la fortuna, el amor, la diversidad, la luz y la oscuridad.

Úrsula contó que rinde culto a La Niña desde hace unos diez años. Una vecina le regaló una figura y la Niña “se quiso quedar con ella”. Desde entonces le han llegado figuras de distintos tamaños que ha adoptado.

           El hecho de que adopte estas figuras, en cierto sentido, le otorga un privilegio como devota. Al día de hoy es la delegada de León en la Red de La Niña Blanca México Universal. Úrsula contó que sus vecinos se han acostumbrado a la presencia y devoción a la Santa, aunque al principio había miedo porque se vinculaba a la magia negra: “la gente le tiene miedo porque dice que es mala, pero ¿quiénes somos los malos? La gente que pide por el mal a otras personas, no ella que sólo intercede”.

Úrsula y su esposo celebran a La Santa Muerte el 20 de agosto, ese día contratan sonido, cierran la calle e invitan a los vecinos a la verbena; además, los primeros días de cada mes caminan con la Santa Peregrina de León, que visita los hogares a solicitud de los devotos.

En julio de 2017, se realizó la primera peregrinación fuera de la ciudad, a Manuel Doblado, uno de los municipios con mayor tradición cristera.

Cuarta parada: La peregrinación

           El 1 de julio salió la caravana hacia Manuel Doblado. El punto de reunión fue el altar de Úrsula, sin embargo, La Santa fue recogida de la colonia La Noria, donde hay uno de los altares más grandes de la ciudad.

En la entrada de Manuel Doblado nos esperaban más devotos. Cuando bajamos del autobús sentimos un ambiente carnavalesco, pues la práctica cúltica está llena de color, alegría y mojigangas. Los cargadores se pusieron una máscara de calavera que los mimetizaba, un símbolo de apropiación, “de hacerse muerte”, no sólo cargaban el altar, eran parte de él.

Los cargadores se rotaban, una de las mujeres tomó la batuta y cargó junto a otro joven la enorme estatua. Detrás de la Niña viajera un gran número de niños y niñas bailaban con mojigangas y otros jóvenes representaban la danza del torito. Después de un largo caminar llegamos a la cochera de una casa; se colocó a la Santa Caminante al lado de una Santa Muerte Apache en un altar lleno de flores que se extendían sobre una manta blanca donde también había agua, cigarros, cerveza, fruta y copal. Después de acomodar a la Niña Santa, el líder de León se hincó, le hizo una reverencia, extendió los brazos, cerró los ojos y guardó silencio. Otros más hacían lo mismo.

Algunos creyentes traían impresas imágenes de la Santa Descarnada en playeras azules. En este sentido traer algún distintivo podría ser una forma de reafirmar el orgullo de pertenecer a esa congregación.

En lo que el grupo de oración se alistaba, los danzantes entraron para ofrendar su baile a La Santa, así, la pequeña cochera se convirtió en el escenario de la diversidad, donde elementos prehispánicos, católicos y la danza se fusionaron para rendir culto a la muerte.

Uno de los guías comenzó la ceremonia prendiendo un puro y exhalando el humo sobre las imágenes de la Santa; después, dos jóvenes y una niña la invocaron “¡Santa Muerte!”, pronunciaron tres veces cada una. El llamado era seguido del sonido de los caracoles que dos hombres jóvenes y un niño producían.

Los participantes se arrodillaron y la guía comenzó el rosario. En cada misterio pedían a Jesús y a la Santa que se acabara la violencia, que la gente dejara de agredirlos por su devoción, pedían paz, refugio y cada plegaria era más intensa. Los participantes eran niños, jóvenes, ancianos, estudiantes, amas de casa, cholos, en ese espacio se diluyeron distinciones y cómo no, si estaba lleno de los otros, esos que de alguna manera viven al margen, ya sea por su estatus social o su creencia. Cuando estaba a punto de terminar, nos incorporamos y nos dimos la paz, mientras uno de los niños pasaba el sahumerio alrededor de las manos de las personas y rociaba un aerosol “de La Santa” sobre las cabezas de los presentes. Después dar las gracias por los favores recibidos,  las promesas realizadas y las demostraciones de ofrenda, comenzó la algarabía.

Reflexiones finales

Mediante esta experiencia presenciamos la importancia que adquiere el culto a la Santa Muerte en el contexto guanajuatense, por lo que podemos arrojar un par de hipótesis, más que conclusiones propiamente.

En primer lugar, la desigualdad social se convierte en una causa de movilidad, la cual se manifiesta de manera espacial y en lo que Garma (2004) llamaría “buscadores espirituales”, que consolidan nuevos espacios de participación y arraigo para construir un sentido de pertenencia, éste a su vez se manifiesta a través de los altares domésticos así como los “encarnados”, por ejemplo los tatuajes.

Otro factor es la migración. León, como ciudad industrial, tiene una amplia oferta laboral. En este tránsito la gente carga con sus devociones. Una de las características en este culto es que los líderes religiosos que montan sus altares en León, proceden de otros estados y estos nuevos nichos religiosos atraen a gente local que ve en ella un refugio espiritual.

La veneración a la Santa Muerte también es llevada a cabo a través de los medios electrónicos, esto fortalece y mantiene el vínculo con la página de Facebook La Niña Santa México Universal, donde devotos de distintas regiones se conocen y participan en diversas ritualidades. Esto posibilita que municipios como San Francisco del Rincón, Manuel Doblado, Romita y León, estén en proceso de constitución de una red del culto en Guanajuato.

Finalmente, otro factor en la expansión de esta devoción, es la creciente diversidad religiosa en León. El campo religioso guanajuatense está reconfigurándose frente a una cada vez más frecuente movilidad religiosa.

Referencias bibliográficas

Garma, Navarro Carlos (2004), Buscando el espíritu. Pentecostalismo en Iztapalapa y la ciudad de México, UAM, Plaza y Valdez editores, México.

Mazariegos, Herrera Hilda María Cristina, (2015), “La participación de las mujeres en La Luz del Mundo en León, Guanajuato” en: Carlos Garma Navarro y Rosario Ramírez Morales (Coords.) Comprendiendo a los creyentes: la religión y la religiosidad en sus manifestaciones sociales, Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa, México, pp. 177-194.

[1] Los nombres de los informantes han sido modificados para resguardar su intimidad.


[1] Según el Censo de Población y Vivienda 2010, INEGI.

Este artículo forma parte de la Revista Alternativas 104. Entra aquí para conocer la revista completa.